25 cosas aterradoras para cualquier Neoyorquino

July 16, 2014

He reunido algunas de las cosas más aterradoras para cualquier neoyorquino. ¿O sólo para mí? ¿Nadie? ¿Sólo yo? Ok. A disfrutar de mis miedos, entonces.

1. Que en cualquier momento puedas caer por un puerta de sótano abierta.

2. O caminar sobre una rejilla de éstas, que se colapse y caigas por el agujero.

3. Que un aparato de aire acondicionado se descuelgue y te caiga encima.

4. O caminar debajo de un andamio, que se colapse y te aplaste.

5. La posibilidad de que uno de los que bailan en el metro te pegue una patada.

Es muy común tener ‘espectáculo’ en el metro, y aunque entretenido, a veces, puede llegar a ser altamente peligroso. Mi recomendación: si te dicen que te cambies de sitio, cámbiate, porque habrán patadas voladoras.

6. Ir en taxi en hora punta y ver como el tráfico no mejora mientras el taxímetro sube.

7. La posibilidad de poder presenciar como alguien se tira a las vías del metro delante de ti.

Esto ocurre más de lo que uno podría pensar. Por mi parte solo espero no tener que presenciarlo nunca.

8. Ver esto cuando es hora punta, tienes prisa y hay una cola detrás de ti.

Los lectores de la tarjeta de metro no son infalibles y conseguir pasar la Metrocard a la primera bien, -ni demasiado lento, ni demasiado rápido- se convierte en todo un arte.

9. Los Brokers

En España estamos acostumbrados a encontrar las casas de alquiler a través de agencias, aunque no siempre es lo habitual. Además, esa agencia se quedará con, como mucho, un mes de alquiler.
Pero en Nueva York la cosa es muy distinta, y los agentes inmobiliarios son unos personajes, embaucadores natos, que te dirán lo que sea para que los elijas a ellos y no a su competidor. Y, en el caso de que elijas su casa, tendrás que pagarles una comisión que nunca bajará del 15% del alquiler anual, que en el caso de Nueva York, puede significar tener que desembolsar la friolera de $6.000 -tirando por lo bajo- a alguien que sólo es un intermediario haciendo una transacción. Y eso nos lleva al punto siguiente,…

10. El alquiler

Nueva York es la ciudad de los alquileres. ¿Pero a qué precio? Según la información publicada en algunos medios de comunicación como el Daily News, el precio medio de un alquiler en Manhattan subió el pasado mes de junio un 3.1% situándose en nada más y nada menos que $3.300, el número más alto de los últimos cinco años. Y si pensáis que irse a otro borough es la solución…¡ay, inocentes!.. el nuevo Manhattan, más conocido como Brooklyn, subió en el mes de mayo un 8.6% situándose el precio medio en $2.800.
Además, según este artículo del NY Times, para ser considerado ‘clase media’ en Manhattan has de ganar entre $200.000 y $588.000 anuales. Con un par.
Así que si estáis pensando en alquilar en Nueva York y no sois Beyoncé&JayZ, preparaos para ver agujeros sin ventanas en malos barrios por un alquiler que será más de la mitad de lo que cobráis al mes.

11. Bedbugs. Sí, chinches. Aquí hay chinches.

Las chinches invaden Nueva York. No es ninguna broma, aunque si recomiendo tomarlo con humor.

12. La posibilidad de que tu identidad y tus números de cuenta hayan sido robados porque has usado un cajero automático que no parece del todo legal.

Aquí los cajeros más comunes se encuentran en los Delis, y no siempre tienen la mejor pinta

13. Caerte en el metro y tocar el suelo con la mano, o peor, con la cara.

No quiero ni pensar lo que puede haber en ese suelo. Recomiendo comprar desinfectante de manos tamaño industrial.

14. Comer en un restaurante para luego darte cuenta de que está ‘Grade Pending’. O peor, que tiene una C.

El servicio sanitario de Nueva York realiza inspecciones en los bares o restaurantes de la ciudad. Ésta nota va directa a la fachada del edificio, para que sepas donde te metes. Las notas van de la A a la C. Y a veces, hasta les ponen una nota pendiente. Mejor no preguntar si el problema son cucarachas, ratas, o los dos.

15. Todo lo que envuelva a ésta compañía. Son Satán.

El Telefónica de Nueva York es Time Warner Cable. Si quieres teléfono y/o internet tienes que acudir a ellos, que para algo tienen el monopolio.

16. Encontrarte a alguien que conoces en el metro en uno de esos días-que-no.

17. Que una cucaracha te roce los pies en la calle, o peor, que aparezca en tu ducha.

18. Las ratas. Esas ratas del tamaño de gatos.

19. La idea de no saber los ingredientes exactos de los perritos calientes que venden en los puestos de callejeros. O la legitimidad de la carne del deli.

20. Los restaurantes de cash-only.

En una ciudad donde puedes pagar con tarjeta hasta un paquete de chicles, sorprende encontrar un restaurante donde solo admitan metálico. Pero los hay, y muchos.

21. Pillarte alguna parte de tu cuerpo con la puerta del metro.

A veces es mejor arriesgarse a que la puerta se te cierre mientras estás corriendo apresuradamente, que esperar otros 10 minutos al próximo metro. Aunque tiene sus desventajas, como quedarte enganchado y que no vuelvan a abrir la puerta hasta la siguiente estación.

22. Que el horario de tu tren cambie sin motivo aparente.

Llegas tarde, vas con prisa, pasas la Metrocard, bajas al andén y descubres un cartel que te indica que el tren que necesitas coger para ir a trabajar, no sólo llegará con retraso, si no que te llevará a una estación que no es la que tú necesitas, dónde tendrás que salir del metro para coger un autobús que te dejará a 5 manzanas de donde deberías haber llegado. Porque sí, sin explicación.

23. Las escaleras de incendio que van de la calle y dan a parar directamente a la ventana de tu habitación.

En las películas americanas, cuando el chico hace el increíble gesto romántico de tirar de esa escalera y subir hasta la ventana de la chica, con un radiocasete y flores, nos parece una maravilla. Cuando se trata de tu casa, de tu ventana, de tu habitación, y de cualquier extraño pudiendo hacer lo mismo, la cosa cambia.

24. Que te inviten a una fiesta en un distrito diferente al tuyo.

Pereza máxima solo de pensar en la vuelta a casa.

25. Que el taxista no sepa llegar a donde quieres ir.

Es triste, pero lamentablemente cuando me sorprendo es cuando me subo a un taxi, doy la dirección de mi destino y el taxista sabe perfectamente como ir. Me encrespa especialmente cuando no tienen GPS y me hacen a mí buscarlo en mi móvil. Entiendo que es una ciudad grande, pero también es una de las ciudades más turísticas del planeta. Y los turistas, si de algo no saben, es de cómo llegar a donde quieren ir.

Aterrados vivimos.

You Might Also Like

1 Comment

  • Reply chelsea September 24, 2014 at 9:38 pm

    AMEN

  • Leave a Reply